(
Brain Tumors
)
Hay pocas cosas tan aterradoras como descubrir que un hijo tiene
un tumor cerebral. Sin embargo, es algo que muchos padres han
tenido que enfrentar. El tumor cerebral ocupa el segundo lugar
entre los cánceres infantiles más comunes. El primer lugar lo ocupa
la leucemia, que afecta anualmente a unos 2.300 niños.
Algunos tumores se pueden curar relativamente fácil, pero otros
tienen un pronóstico poco promisorio. Todos requieren un
tratamiento especializado que involucra a un equipo de médicos
especialistas y, en todos los casos, el efecto fÃsico y emocional
en los niños y sus familias es tremendo.
¿Qué es un tumor cerebral?
Un tumor es una masa de células transformadas que tienen un
crecimiento y una multiplicación anormales. Los tumores cerebrales
se clasifican según diferentes factores, como el lugar donde se
encuentran, los tipos de células que involucran y la velocidad a la
que crecen.
Los términos que los médicos suelen utilizar para describir los
tumores son los siguientes:
-
Primarios y secundarios:
Los tumores cerebrales primarios son los que se originan en el
cerebro. Los tumores cerebrales secundarios están formados por
células que provienen de otras partes del cuerpo y se han
extendido (han hecho metástasis) en el cerebro. En el caso
de los niños, la mayorÃa de los tumores cerebrales son primarios.
Lo opuesto ocurre en el caso de los adultos.
-
Benigno y maligno:
Los tumores benignos crecen despacio, no son cancerosos y no se
extienden al tejido que los rodea. Los tumores malignos, por el
contrario, son cancerosos. Son de crecimiento rápido, se
caracterizan por su agresividad, suelen invadir el tejido
circundante y es más probable que vuelvan a aparecer después del
tratamiento. Si bien son los tumores malignos los que se asocian
con un panorama desolador, los tumores benignos en el cerebro
pueden ser igualmente serios, especialmente si se encuentran en
un lugar crÃtico (como en el tronco del encéfalo, que controla la
respiración) o si crecen hasta alcanzar un tamaño lo
suficientemente grande como para ejercer presión en estructuras
vitales del cerebro.
-
Localizado e invasivo:
Un tumor localizado está limitado a un área especÃfica y, por lo
general, es más fácil de extirpar, siempre y cuando esté en un
lugar del cerebro que sea accesible. Un tumor invasivo es el que
se ha extendido a las áreas circundantes y es más difÃcil de
extirpar completamente.
-
Grado:
El grado del tumor indica qué tan agresivo es. En la actualidad,
la mayorÃa de los expertos en medicina utilizan un sistema
diseñado por la Organización Mundial de la Salud para identificar
los tumores cerebrales y poder hacer un pronóstico. Cuanto menor
es el grado, menos agresivo es el tumor y mayores las
posibilidades de cura. Cuanto mayor es el grado, más agresivo es
el tumor y más difÃcil su cura.
¿Cuáles son las causas de los tumores cerebrales?
La mayorÃa de los tumores cerebrales en los niños se originan
por un crecimiento y reproducción celular muy rápidos. Con el
tiempo, estas células forman una masa llamada "tumor". No se ha
podido establecer con exactitud la causa de este crecimiento
anormal, aunque los estudios de investigación continúan apuntando a
causas genéticas y ambientales.
Algunos niños son más susceptibles a desarrollar cáncer cerebral
por razones genéticas. Ciertas enfermedades como la
neurofibromatosis, la enfermedad de von Hippel-Lindau, el sÃndrome
de Li-Fraumeni y el retinoblastoma se asocian con una mayor
propensión a la aparición de tumores cerebrales.
Señales y sÃntomas
Un tumor cerebral puede causar sÃntomas de muchas maneras:
destruyendo en forma directa las células cerebrales, causando una
inflamación en el lugar donde se encuentra el tumor, generando una
concentración de lÃquido en el cerebro (hidrocefalia) y aumentando
la presión dentro del cráneo. Como resultado, es posible que se
generen una serie de sÃntomas.
Las señales o sÃntomas varÃan según la edad del niño y la
ubicación del tumor, pero suelen incluir los siguientes:
- convulsiones,
- debilidad en el rostro, el tronco, los brazos y las
piernas,
- dificultad para hablar,
- dificultad para mantenerse parado o para caminar,
- falta de coordinación,
- dolor de cabeza y
- en los bebés, un crecimiento rápido de la cabeza.
Dado que la aparición de señales de advertencia de que algo no
es normal puede ser gradual y asemejarse a otros problemas comunes
de la niñez, los tumores cerebrales suelen ser difÃciles de
diagnosticar. Por lo tanto, es recomendable hablar con el médico de
su hijo sobre cualquier sÃntoma que le preocupe.
Diagnóstico
Cuando un médico sospecha que un niño tiene un tumor cerebral,
le hará estudios radiológicos del cerebro: una tomografÃa axial
computarizada o una resonancia magnética (posiblemente las dos).
Estos procedimientos les permiten a los médicos ver el interior del
cerebro y ubicar con exactitud el área del tumor. Si bien ninguno
de estos estudios causa dolor, requieren que los niños permanezcan
absolutamente quietos. Como toma poco tiempo realizar la tomografÃa
axial computarizada, no es necesario que los niños reciban
sedantes. En el caso de la resonancia magnética, sin embargo, la
mayorÃa recibe un sedante.
Si los estudios radiológicos revelan la existencia de un tumor
cerebral, es muy probable que el próximo paso sea una intervención
quirúrgica. Un neurocirujano pediatra tratará de extirpar el tumor;
si no es posible la extracción total, se realizará una extirpación
parcial o, por lo menos, una biopsia (la extracción de una muestra
para examinar con un microscopio) a fin de confirmar el
diagnóstico.
Después, un patólogo pediatra (un médico que hace el diagnóstico
de enfermedades en niños mediante la observación de tejido y
células corporales con un microscopio) y un neuropatólogo, (un
patólogo que se especializa en enfermedades que afectan el sistema
nervioso) analizan el tejido para clasificar el tumor y asignarle
un grado.
Es posible utilizar ciertas pruebas especiales, como la
elaboración del cariotipo, el PCR (Reacción en cadena de la
polimerasa), el FISH (Hibridación fluorescente in situ) o el perfil
de la expresión genética, para analizar la composición genética de
las células tumorales. El uso de estas pruebas para obtener
información especÃfica sobre las células cancerosas ayuda a los
médicos a formular el mejor tratamiento para una persona con un
tumor cerebral.
Tratamiento
La mayorÃa de los pacientes que sufren de un tumor cerebral
deben ser sometidos a una combinación de cirugÃa, radioterapia y
quimioterapia. Los avances logrados en estas tres áreas han
contribuido a obtener mejores resultados en las últimas
décadas.
El cuidado de un niño con un tumor cerebral es muy complicado y
requiere una buena coordinación entre los miembros de un equipo
médico. Los miembros de este equipo pueden ser los siguientes:
- un neurooncólogo pediatra (un médico que se especializa en el
tratamiento del cáncer en el cerebro o en la médula
espinal),
- un neurólogo pediatra (un médico que se especializa en los
trastornos del sistema nervioso),
- un neurocirujano pediatra (un cirujano que se especializa en
hacer intervenciones quirúrgicas del cerebro y de la médula
espinal),
- un radioterapeuta (un especialista que lleva a cabo las
aplicaciones de rayos),
- especialistas en rehabilitación (incluye a los terapeutas de
dicción, los fisioterapeutas y los terapeutas ocupacionales)
y
- psicólogos y asistentes sociales.
Estos expertos deben seleccionar cuidadosamente el tipo de
terapia adecuada para el niño dado que los posibles efectos a largo
plazo, especialmente por la radiación, son elevados. (Es posible
que la radioterapia, si bien es por lo general efectiva, cause
daños al cerebro en crecimiento, especialmente en el caso de los
pacientes más pequeños). El aspecto más difÃcil en el tratamiento
de tumores cerebrales es encontrar la dosis ideal de terapia de
manera que se cure el cáncer del niño pero no se dañen las células
sanas y no se generen efectos secundarios innecesarios.
CirugÃa
En la actualidad, los cirujanos tienen cada vez más éxito en la
extirpación de tumores cerebrales. Esto se debe, en parte, a las
nuevas tecnologÃas de las que se dispone en los quirófanos,
especialmente las que permiten generar imágenes del cerebro en
tiempo real, que guÃan al cirujano durante la operación. Ejemplos
de estas tecnologÃas son los siguientes: dispositivos
estereotácticos, que ayudan en la localización exacta de los
tumores al proveer imágenes tridimensionales del cerebro;
tomografÃa axial computarizada intraoperativa, la cual guÃa a los
médicos para ver más de lo que queda expuesto durante la cirugÃa y
les permite distinguir con claridad el tejido sano del tejido del
tumor; y otros sistemas que guÃan con imágenes con el fin de
permitir un mejor reconocimiento de la zona.
Las cirugÃas en etapas también se están utilizando con más
frecuencia. Esto significa que en vez de extirpar un tumor grande
de una vez, los cirujanos extraen una pequeña parte y después
tratan de reducir el tumor por medio de quimioterapia y/o
radioterapia. Después de varios meses de tratamiento, el cirujano
vuelve por segunda vez, y hasta por tercera vez, a realizar una
operación para extirpar el resto del tumor.
Después de la cirugÃa, el único tratamiento necesario, en
ciertos tumores, es la observación (controles periódicos y estudios
radiológicos para verificar que no hayan surgido problemas). En
muchos casos, sin embargo, es necesario el uso de terapias más
agresivas, como la radioterapia, la quimioterapia o la combinación
de ambas.
Radioterapia
La radioterapia (el uso de radiaciones de alta energÃa para
matar las células que se reproducen rápidamente) es muy efectiva en
el tratamiento de tumores cerebrales en niños. Sin embargo, la
radioterapia puede tener consecuencias negativas serias a largo
plazo dado que el cerebro en desarrollo de los niños menores de 10
años (y especialmente los menores de 5 años) es muy sensible a los
efectos de la radiación. Entre las consecuencias se encuentran las
siguientes: convulsiones, derrames cerebrales, retraso en el
desarrollo, problemas de aprendizaje, problemas de crecimiento y
problemas hormonales.
Al igual que la cirugÃa, la radioterapia ha cambiado
considerablemente durante la última década. La existencia de
tecnologÃas asistidas por computadoras ha permitido a los médicos
la construcción de campos de radiación tridimensionales que atacan
el tejido del tumor pero, al mismo tiempo, eluden las estructuras
crÃticas del cerebro, como los centros de la audición. De todos
modos, las ventajas y las desventajas de utilizar radioterapia
deben discutirse con su médico.
Quimioterapia
La quimioterapia es el uso de drogas para eliminar las células
cancerosas. Por lo general, la quimioterapia se administra a través
de un catéter intravenoso para uso prolongado llamado "lÃnea
central" y es posible que el paciente deba permanecer en el
hospital. Si bien la quimioterapia genera varios efectos
secundarios a corto plazo (cansancio, náuseas, vómitos, caÃda del
cabello), produce menos efectos secundarios a largo plazo que la
radioterapia. Muchos niños con tumores cerebrales son tratados con
quimioterapia para evitar o posponer el tratamiento con rayos.
A diferencia de los tumores cerebrales de los adultos, los
tumores en los niños son muy sensibles a los efectos de la
quimioterapia y responden bien a dosis elevadas de este
tratamiento. Sin embargo, es posible que cuando un niño recibe una
dosis elevada de quimioterapia se produzca un serio daño en la
médula osea (una especie de gelatina espesa y esponjosa que se
encuentra dentro de los huesos y que produce los glóbulos
rojos).
Para evitar que el daño de la médula osea sea permanente, se
suele realizar un procedimiento denominado "rescate de célula
madre". Se obtiene una muestra de médula osea o las células
madre de la sangre del paciente y se conservan hasta que finaliza
la quimioterapia de dosis elevadas. Después, la médula o las
células madre de la sangre, se inyectan en el paciente para
permitir la recuperación de la médula dañada.
Los tipos más comunes de tumores cerebrales
Existen muchos tipos de tumores cerebrales en los niños e
incluyen desde aquellos que pueden curarse con un tratamiento
mÃnimo hasta los que son incurables, aún cuando se utilicen
tratamientos agresivos.
Algunos de los tipos más comunes son los siguientes:
Astrocitomas
Los astrocitomas se dividen en cuatro subtipos: astrocitoma
pilocÃtico juvenil (grado 1), astrocitoma fibrilar (grado 2),
astrocitoma anaplástico (grado 3) y glioblastoma multiforme (grado
4). Cuanto mayor es el grado, más agresivo es el tumor.
Otra caracterÃstica importante de los astrocitomas es la
ubicación, ya que las posibilidades de curación dependen del lugar
donde se encuentre el tumor. Por ejemplo, los astrocitomas del
cerebro y cerebelo suelen pertenecer a un grado bajo, crecen cerca
de la superficie del cerebro y, con frecuencia, pueden tratarse con
una intervención quirúrgica solamente. Los gliomas de la vÃa óptica
(que se dan cerca de los ojos) y los astrocitomas (en las partes
centrales del cerebro) no se pueden extirpar con facilidad y, por
lo general, requieren un tratamiento prolongado y complejo.
Ependimomas
Cuando se encuentran en la parte superior del cerebro, estos
tumores suelen curarse con solamente una intervención quirúrgica.
Sin embargo, cuando se encuentran en el centro o la parte posterior
del cerebro, suelen requerir una terapia más agresiva y son
difÃciles de curar.
Glioma del tronco encefálico
Los gliomas pontinos difusos, los subtipos más comunes de
gliomas del tronco encefálico, se localizan en una parte del
cerebro que hace imposible realizar una operación. Los pacientes
con gliomas del tronco encefálico son tratados, tÃpicamente, con
radioterapia (radiación) solamente. Si bien es cierto que en
algunos casos se ha utilizado la combinación de cirugÃa y
quimioterapia, este tratamiento no ha tenido mucho éxito. El
porcentaje de supervivencia para los niños con estos tumores es muy
bajo.
Meduloblastomas y tumores neuroectodérmicos primitivos
Estos tumores están relacionados (ya que son idénticos bajo el
microscopio), pero difieren principalmente en su ubicación. Los
meduloblastomas aparecen en la parte posterior del cerebro, cerca
del tronco encefálico, mientras que los tumores neuroectodérmicos
primitivos suelen aparecer en cualquier otro lugar del cerebro.
Ambos tumores requieren la aplicación de terapias agresivas, como
la cirugÃa, la quimioterapia y la radioterapia. Si bien éstos son
cánceres peligrosos y los tratamientos son intensos, el porcentaje
de curación aumenta cada década. De hecho, en este momento, la
mayorÃa de los niños que sufren estos tipos de tumores pueden
curarse.
Craneofaringioma
Estos tumores son benignos, poco comunes y de crecimiento lento.
Si bien no se expanden, pueden causar serios problemas al ejercer
presión en estructuras cerebrales crÃticas. El tratamiento, por lo
general, involucra cirugÃa y radiación, si bien en ciertos casos
sólo se utiliza la cirugÃa. Las posibilidades de supervivencia son
excelentes.
Tumores de células germinativas
Estos tumores suelen desarrollarse en dos áreas especÃficas de
la lÃnea media del cerebro: el área que rodea la glándula
pituitaria y la glándula pineal. Suelen ser difÃciles de tratar,
pero, por lo general, es posible curarlos con una cirugÃa agresiva,
radioterapia y quimioterapia. Los germinomas, el tipo de tumor más
común de células germinativas, se pueden tratar con radioterapia,
quimioterapia o con ambas (dependiendo de las circunstancias).
Efectos tardÃos
Los "efectos tardÃos" son problemas que el paciente puede
desarrollar una vez que termina el tratamiento contra el cáncer.
Para los niños que logran sobrevivir a los tumores cerebrales, los
efectos tardÃos incluyen: retraso cognitivo, convulsiones,
anormalidades en el crecimiento, deficiencias hormonales, problemas
de visión y auditivos, como también la posibilidad de desarrollar
un nuevo cáncer y hasta un segundo tumor cerebral. Dado que, a
veces, estos problemas no se advierten hasta unos años después del
tratamiento, es necesario realizar controles y observaciones
cuidadosas para identificarlos lo antes posible.
En ciertos casos, los efectos a corto plazo pueden mejorar con
la ayuda de un terapeuta ocupacional, un fisioterapeuta o un
terapeuta del habla. Estos efectos pueden continuar mejorando a
medida que el cerebro se recupera. En otros casos, los niños pueden
sufrir efectos secundarios a largo plazo, como problemas de
aprendizaje; problemas clÃnicos, como la diabetes, el retraso del
crecimiento o la pubertad tardÃa o temprana; discapacidad fÃsica
relacionada con el movimiento, el habla o la dificultad para tragar
y problemas emocionales ligados al estrés del diagnóstico y el
tratamiento.
Tenga en cuenta los efectos tardÃos tanto fÃsicos como
psicológicos, especialmente cuando el niño vuelve a la escuela, a
sus actividades normales y se reencuentra con sus amigos. Hable con
los maestros sobre el impacto que ha tenido el tratamiento en su
hijo y sobre los cambios que se deben hacer para satisfacer las
necesidades del niño, como un horario limitado, más tiempo de
descanso o permiso para utilizar el baño con más frecuencia,
modificaciones de la tarea escolar, de las pruebas o de las
actividades en el recreo y la planificación de horarios para la
medicación. Su médico le puede aconsejar cómo hacer la transición
más fácil.
El cuidado de su hijo
Los padres tienen el gran desafÃo de determinar cuánto deben
contarle a su hijo sobre el tumor cerebral diagnosticado. No hay
una única respuesta para todos los casos. Los expertos están de
acuerdo en la importancia de ser honesto con el niño, pero también
en la necesidad de adaptar los detalles que se van a comunicar a la
madurez emocional y la capacidad de comprensión del niño.
BrÃndele toda la información que el niño pida, pero no más que
eso. Y al explicarle el tratamiento, hágalo dividiendo el
procedimiento en pasos. El hablar de cada paso a medida que ocurre
(visitas a varios médicos, radiografÃas especiales del cerebro,
necesidad de una cirugÃa) puede hacer que todo el proceso resulte
menos abrumador.
Se les debe hacer entender a los niños que un tumor cerebral no
es el resultado de algo que hayan hecho y que es normal sentirse
triste y enojado. Escuche con atención los miedos de su hijo y
cuando se sienta solo, pida ayuda. Los asistentes sociales de su
hospital pueden ponerlo en contacto con otras familias de niños con
tumores cerebrales que han pasado por la misma experiencia y tienen
consejos para compartir con usted.
También tenga en cuenta que es muy normal que los hermanos se
sientan abandonados, celosos y enojados cuando hay un niño con una
enfermedad tan grave. ExplÃqueles lo que usted crea que son capaces
de entender y pida el apoyo de miembros de la familia, maestros y
amigos para lograr un ambiente lo más normal posible. Y finalmente,
aunque sea muy difÃcil, cuide su propia salud. Los padres que
reciben apoyo están en mejores condiciones de brindarles apoyo a
sus hijos.
Revisado por:
Andrew W. Walter, MD
Fecha de revisión: junio de 2007
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