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Naps
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"Siesta" es una palabra de pocas letras, pero para muchos padres
es una de las palabras más importantes de su vocabulario. Una buena
siesta a menudo marca la diferencia entre una tarde agradable y
otra para olvidar. También puede ayudar al niño ha hacer más
llevadera la transición a la hora de acostarse por las noches.
¿Por qué es tan importante hacer la siesta? El sueño es un
requisito muy importante para tener buena salud y, para que los
niños pequeños duerman lo suficiente, suele ser necesario que
duerman un rato durante el dÃa. Con el acelerado desarrollo fÃsico
y mental que experimentan los niños durante la primera infancia,
las siestas proporcionan al cuerpo y a la mente el tiempo de
descanso que necesitan para crecer y reponer fuerzas.
Las siestas también impiden que los niños lleguen a estados de
agotamiento, algo que no solo repercute negativamente sobre su
estado de ánimo sino que les dificulta conciliar el sueño por la
noche. Y la hora de la siesta proporciona a los padres un breve
perÃodo de desconexión durante el dÃa -que pueden utilizar para
hacer las tareas domésticas o simplemente para relajarse.
Necesidades de sueño por edades
Lamentablemente, no hay recetas universales sobre cuánto tiempo
necesita dormir un niño durante el dÃa. Todo depende de la edad, el
niño y la cantidad total de sueño que acumule en cada perÃodo de 24
horas. Por ejemplo, un niño de dos años puede dormir 13 horas
seguidas por la noche y echar solo una breve cabezada durante el
dÃa, mientras que otro puede dormir nueve horas por la noche y
necesitar una larga siesta de dos horas cada tarde. Aunque las
necesidades de sueño son marcadamente individuales, las siguientes
directrices por grupos de edad le darán una idea de los
requerimientos de sueño promedio en cada grupo de edad:
Desde el nacimiento hasta los 6 meses:
los lactantes necesitan dormir aproximadamente de 16 a 20 horas
cada dÃa. Los recién nacidos tienden a dormir de forma interrumpida
durante las 24 horas del dÃa, despertándose cada dos o tres horas
para comer. Conforme se acercan a los 4 meses de edad, su patrón de
sueño se va estableciendo más. La mayorÃa de bebés de esta edad
duermen entre 10 y 12 horas por la noche, generalmente con una
interrupción para alimentarse, y un promedio de tres a cinco horas
durante el dÃa (generalmente agrupadas en dos o tres
cabezadas).
De seis a 12 meses:
los bebés de esta edad suelen dormir unas 11 horas por la noche,
echando dos cabezadas, de una duración total de tres a cuatro
horas, durante el dÃa. A esta edad, la mayorÃa de los lactantes no
necesitan despertarse por las noches para alimentarse, pero pueden
empezar a experimentar ansiedad de separación, que puede contribuir
al desarrollo de trastornos del sueño.
Primera infancia (de uno a tres años):
los niños de esta edad suelen necesitar entre 10 y 13 horas de
sueño, incluyendo una siesta de entre una y tres horas por la
tarde. Los niños de menor edad dentro de este grupo (los que se
acercan al año) pueden seguir necesitando echar dos cabezadas
durante el dÃa, pero estas no deberÃan hacerse demasiado cerca de
la hora de dormir, ya que pueden dificultar que el niño concilie el
sueño por la noche.
Etapa preescolar (de tres a cinco años):
los preescolares duermen como promedio entre 10 y 12 horas por la
noche, haciendo una siesta por la tarde. La mayorÃa dejan de hacer
la siesta cuando en torno a los cinco años de edad.
Etapa escolar (cinco a 12 años):
durante la etapa escolar, los niños necesitan dormir entre 10 y 12
horas por la noche. Algunos niños de cinco años siguen necesitando
hacer la siesta. Si no pueden hacer la siesta regularmente, pueden
necesitar acostarse antes por las noches.
La mayorÃa de los padres infravaloran la cantidad de sueño que
necesitan sus hijos, de modo que usted deberÃa observar el
comportamiento de su hijo para asegurarse de que duerme lo
suficiente, y aprender a reconocer los signos de la falta de sueño.
Los signos de la falta de sueño pueden ir desde los más evidentes
-como la fatiga- hasta problemas más sutiles que afectan al
comportamiento y al rendimiento escolar.
Pregúntese si:
- su hijo parece adormilado durante el dÃa
- su hijo se pone nervioso, inquieto e irritable por la
tarde
- conseguir que su hijo se levante por las mañanas es una
verdadera batalla
- su hijo está desconcentrado, impaciente, hiperactivo o
agresivo
- su hijo tiene dificultades para concentrarse en las tareas
escolares o de otro tipo.
Si usted contesta afirmativamente a cualquiera de estas
preguntas, considere la posibilidad de modificar el horario de
sueño de su hijo. Recuerde que su hijo puede tardar hasta varias
semanas en recuperar el sueño que necesita. Hable con el pediatra
si hay algo que le preocupa sobre el patrón de sueño de su
hijo.
Las rutinas de sueño y otras preocupaciones
La clave para que un niño duerma bien a la hora de la siesta
puede residir en algo tan sencillo como ayudarle a desarrollar lo
antes posible una buena rutina tanto a la hora de acostarse por las
noches como a la hora de hacer la siesta durante el dÃa -y
adherirse a ella. Durante la etapa de la lactancia, fÃjese en
pistas como ponerse inquieto y frotarse los ojos y, si las detecta,
acueste a su hijo cuando parezca tener sueño pero no se haya
dormido todavÃa. Asà le enseñará a conciliar el sueño por sà mismo
-una habilidad que será más importante a medida que su hijo se vaya
haciendo mayor. Poner música suave, dejar la habitación en penumbra
y contarle un cuento o cantarle una nana a la hora de acostarlo
también pueden ayudarle a hacer la transición de la vigilia al
sueño, aparte de ser formas de tranquilizar al pequeño.
Durante la primera infancia y la etapa preescolar puede ser más
difÃcil adherirse a la rutina de echar una cabezada durante el dÃa.
Aunque a muchos niños de corta edad les sigue encantando hacer la
siesta, otros no querrán perderse ni un minuto de acción y lucharán
con todas sus fuerzas contra el sueño incluso aunque se les estén
cerrando los ojos. Con este tipo de niños, lo mejor es dejarse
guiar por el sentido común. No permita que la hora de la siesta se
convierta en una batalla -no se puede obligar a un niño a conciliar
el sueño, pero se puede insistir en que necesita un tiempo de
tranquilidad. Deje que su hijo lea libros o juegue tranquilamente
en su habitación. Los padres se suelen sorprender al comprobar lo
rápidamente que el tiempo dedicado a actividades reposadas puede
acabarse convirtiendo en tiempo de sueño -pero, aunque no sea ese
el caso, por lo menos su hijo dedicará un tiempo al tan necesario
descanso. Si su hijo deja de hacer la siesta, considere la
posibilidad de adelantar la hora de acostarlo por las noches.
A muchos padres les preocupa que el hecho de que sus hijos hagan
la siesta durante el dÃa pueda interferir con su patrón de sueño
nocturno, dificultando que concilien en sueño por las noches (y, si
la siesta se hace al final de la tarde, esto puede ocurrir). Pero,
antes de eliminar completamente las siestas en un intento de que su
hijo llegue a las noches agotado para que concilie mejor el sueño,
considere lo siguiente: los niños que han descansado por la tarde
se tranquilizan más deprisa por la noche que los que están
completamente agotados. Los niños que se acuestan por las noches
demasiado cansados suelen estar demasiado activados, nerviosos e
inquietos, les cuesta mucho tranquilizarse para poder conciliar el
sueño y son más proclives a despertarse a media noche.
Si le parece que el hecho de que su hijo esté haciendo la siesta
demasiado tarde es la causa de sus dificultades para conciliar el
sueño por la noche, puede probar a adelantar un poco la hora de la
siesta, lo que tal vez implique despertar a su hijo un poco más
pronto por las mañanas para que pueda hacer antes la siesta.
También puede probar a despertar a su hijo de la siesta antes de
lo que lo suele hacer para que tenga un perÃodo de actividad más
largo antes de acostarse por las noches. En otras palabras, intente
introducir algunos cambios en el horario de sueño de su hijo antes
de eliminar por completo las siestas - ¡tanto usted como su hijo se
encontrarán mucho mejor si el niño echa una cabezada durante el
dÃa!
Revisado por:
Mary L. Gavin, MD
Fecha de la revisión: abril de 2006
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