(
Disciplining Your Child
)
¿Cómo conseguir que su hijo de 1 año se mantenga alejado del
reproductor de vÃdeo? ¿Qué hacer cuando su hijo en edad preescolar
tiene una de sus rabietas? ¿Cómo lograr que su hijo adolescente
respete su autoridad? Averigüe, leyendo este artÃculo, cómo
modificar su forma de enfocar el tema de la disciplina para que se
ajuste mejor a las necesidades de su familia.
Independientemente de la edad que tenga su hijo, es importante
que usted sea consistente a la hora de impartirle disciplina. Si
usted no respeta las normas que ha fijado ni se atiene a las
consecuencias que ha enunciado, lo más probable es que tampoco lo
haga su hijo.
De 0 a 2 años
Sabiendo que los bebés y los niños pequeños son curiosos por
naturaleza, es una buena idea eliminar de su entorno cualquier
tentación. Mantenga el entorno de su hijo relativamente libre de
objetos prohibidos -artÃculos como el reproductor de vÃdeo, el
reproductor de música, las joyas y, sobre todo, los productos de
limpieza y los medicamentos, deberÃan estar fuera del alcance del
pequeño. Cuando su bebé se acerque gateando o su torbellino de dos
años corra hacia algún objeto peligroso o prohibido, dÃgale sin
perder la calma: "No", y aléjelo de ese lugar o bien
dirija su atención hacia otra actividad.
La técnica disciplinaria conocida como "tiempo fuera o de
exclusión" o "pausa obligada", consistente en
obligar al niño a pasar cierto tiempo solo y en un lugar carente de
estÃmulos y distracciones (por ejemplo, un rincón), puede ser
eficaz con niños pequeños. A un niño de dos años que ha estado
golpeando o mordiendo a otro niño o tirando la comida al suelo, se
le deberÃa explicar por qué es inaceptable su comportamiento y
luego llevarle al área designada -por ejemplo, una silla de la
cocina o el primer peldaño de las escaleras-, y dejarlo allà un par
de minutos para que se calme (tiempos superiores no son eficaces
con niños tan pequeños).
Es importante no golpear, dar cachetes o abofetear a un niño,
independientemente de la edad que tenga. Además los bebés y los
niños pequeños no pueden establecer una conexión entre su
comportamiento y el castigo corporal. Lo único que sentirÃan es el
dolor de los golpes.
Y no olvide que los niños aprenden observando a los adultos,
sobre todo a sus padres. Asegúrese de ser un buen ejemplo para su
hijo, y asà él podrá utilizar su comportamiento como un buen modelo
de rol. Usted ejercerá sobre su hijo un impacto mucho mayor si
predica con el ejemplo, recogiendo sus cosas, en vez de pedirle a
él que recoja sus juguetes mientras usted deja sus cosas esparcidas
por la sala de estar.
De 3 a 5 años
A medida que su hijo vaya creciendo y empiece a entender la
relación existente entre las acciones y sus consecuencias,
asegúrese de empezar a informarle sobre cuáles son las normas de la
casa. Es importante explicarles a los niños qué es lo que se espera
de ellos antes de castigarles por determinado comportamiento. Por
ejemplo, la primera vez que su hijo de tres años utilice las ceras
de colores para "decorar" la pared del salón, explÃquele
por qué no está permitido pintar en las paredes y qué sucederá si
lo vuelve hacer. DÃgale que, si vuelve a pintar en una pared,
tendrá que ayudarle a limpiarla y que no podrá utilizar las ceras
de colores durante el resto de la tarde. Si su hijo vuelve a pintar
en las paredes al cabo de unos dÃas, deberá recordarle que las
ceras de colores son para dibujar sobre papel y luego pedirle que
se atenga a las consecuencias.
Cuanto antes transmita a su hijo el mensaje de que: "Yo
fijo las normas y tú debes escuchar y aceptar las
consecuencias", mejor será para todos. Aunque a veces pueda
resultar más fácil ignorar un comportamiento puntual inaceptable o
no imponer el castigo enunciado, si actúa de ese modo, correrá el
riesgo de sentar un mal precedente. La consistencia es la clave de
una disciplina eficaz. Es importante que los padres decidan juntos
cuáles son las normas y luego sean coherentes al aplicarlas.
Al mismo tiempo que usted establece claramente qué tipo de
comportamientos no están permitidos y merecen un castigo, no olvide
recompensar la buena conducta. Y no subestime el efecto positivo
que pueden tener sus elogios sobre su hijo. La disciplina no
consiste solamente en castigar. Los padres han de recordar que
deben reforzar el buen comportamiento de sus hijos. Por ejemplo,
usted puede decir: "Estoy orgulloso de que hayas compartido
tus juguetes con otros niños". Generalmente, esto resulta más
eficaz que castigar a un niño por el comportamiento contrario -no
compartir. Y sea especÃfico a la hora de elogiar a su hijo; no se
limite a decirle: "¡Bien hecho!"
Si su hijo se está comportando de manera inaceptable y el mal
comportamiento no remite a pesar de todos sus esfuerzos, considere
la posibilidad de diseñar una lista de registro semanal. Cuelgue la
lista, con una columna para cada dÃa de la semana, en la puerta de
la nevera y decida cuántas oportunidades le concederá a su hijo
para comportarse de forma inaceptable antes de imponerle un
castigo, o durante cuánto tiempo deberá comportarse correctamente
para recompensarle. Luego, bastará con llevar a cabo un seguimiento
monitorizando diariamente el comportamiento de su hijo. AsÃ, tanto
usted como su hijo podrán ver literalmente cómo se está portando el
pequeño. En cuanto el sistema empiece a dar sus frutos, no se
olvide de recompensar a su hijo por aprender a controlarse y, sobre
todo, por superar un problema de larga duración.
La "pausa obligada" también puede funcionar con niños
de esta edad. Establezca un lugar apropiado carente de
distracciones donde será más fácil que su hijo reflexione sobre su
comportamiento. Tenga en cuenta que "enviar al niño a su
habitación" tal vez sirviera de algo cuando los niños no
tenÃan ordenadores, televisores ni videojuegos en sus habitaciones.
No se olvide de establecer la cantidad de tiempo que sea más
adecuada para su hijo. Algunos expertos afirman que 1 minuto de
"pausa obligada" por cada año de vida es una buena regla
empÃrica; otros recomiendan alargar la pausa hasta que el niño se
haya tranquilizado (para que aprenda a autocontrolarse).
Es importante que le diga a su hijo qué es lo correcto, no sólo
qué es lo que no puede hacer. Por ejemplo, en vez de decirle:
"No se salta en el sofá", puede decirle: "Por favor,
siéntate en el sofá y pon los pies en el suelo."
De 6 a 8 años
La "pausa obligada" y enunciar las consecuencias de la
mala conducta también son técnicas disciplinarias eficaces para
este grupo de edad.
De nuevo, la consistencia y la coherencia son cruciales. Cumpla
su palabra a la hora de impartir disciplina o, si no, se arriesgará
a perder su autoridad. Su hijo debe saber que usted hace lo que
dice. Esto no significa que no pueda concederle segundas
oportunidades o permitirle cierto margen de error, pero, por lo
general, deberÃa ser consecuente y cumplir su palabra.
Asegúrese de no amenazar a su hijo con castigos imposibles o
poco realistas cuando esté muy enfadado ("¡Vuelve a dar un
portazo y nunca más verás la televisión!"), puesto que, si no
cumple sus amenazas, su palabra perderá valor. Si, mientras se
dirigen a la playa en coche, amenaza a sus hijos con dar media
vuelta y volver a casa si no dejan de pelearse, haga exactamente lo
que ha dicho. El dÃa de playa perdido es mucho menos importante que
la credibilidad que usted ganará ante sus hijos.
Los grandes castigos pueden quitarle autoridad como padre. Si
castiga a su hijo a no salir de casa todas las tardes durante un
mes entero, lo más probable es que el niño no se sienta motivado a
portarse mejor porque cree que ya está todo perdido.
De 9 a 12 años
A los niños de este grupo de edad -como en todas las edades- se
les puede impartir disciplina apelando a las consecuencias
naturales. A medida que van madurando y reclaman más independencia
y responsabilidad, enseñarles a asumir las consecuencias de su
comportamiento constituye un método disciplinario eficaz y
apropiado.
Por ejemplo, si su hijo de once años se va a dormir sin haber
hecho los deberes, ¿deberÃa usted prohibirle acostarse hasta que
los acabe o ayudarle a acabarlos? Probablemente no, ya que estarÃa
desperdiciando una valiosa oportunidad para enseñarle algo sobre la
vida. Si no acaba los deberes, tendrá que ir a la escuela al dÃa
siguiente sin haberlos hecho y cargar con las consecuencias de que
le pongan una mala nota.
Es natural que usted quiera evitar que su hijo se equivoque,
pero, a largo plazo, le hará un favor si deja que cometa sus
propios errores de vez en cuando. AsÃ, su hijo comprobará lo que
conlleva un comportamiento inapropiado y probablemente no volverá a
cometer los mismos errores. No obstante, si su hijo no parece
aprender de las consecuencias naturales, usted deberÃa establecer
sus propias consecuencias para ayudarle a modificar su
comportamiento.
A partir de los 13 años
A estas alturas, usted ya ha sentado las bases de la disciplina.
Su hijo sabe lo que se espera de él y que usted cumple su palabra
en lo que se refiere a las consecuencias de la mala conducta. Pero
no se le ocurra bajar ahora la guardia -la disciplina es tan
importante para un adolescente como para un niño pequeño. Del mismo
modo que un niño de 4 años necesita que sus padres le fijen un
horario para acostarse por las noches que deberá respetar a pesar
de sus lloriqueos, un adolescente también necesita que le fijen
lÃmites.
Asegúrese de fijar normas sobre los deberes, las visitas de los
amigos, la hora para volver a casa por las noches y las citas, y
hable sobre ello con su hijo con suficiente antelación para que no
haya malentendidos. Aunque probablemente su hijo protestará de vez
en cuando, también se dará cuenta de que es usted quien tiene el
control. Aunque le parezca mentira, los adolescentes también
quieren y necesitan que les fijen lÃmites y les impongan cierto
orden en sus vidas, aunque reclamen y necesiten mayor libertad y
más responsabilidades.
También es importante que permita que su hijo adolescente tenga
cierto grado de control sobre su vida. Esto no sólo reducirá el
número de luchas de poder, sino que también ayudará a que su hijo
respete las decisiones que usted todavÃa debe tomar por él. Durante
las primeras fases de la adolescencia, a un chico se le puede
permitir que tome sus propias decisiones en lo que se refiere a la
ropa que se pone para ir al instituto, el peinado que lleva y cómo
decora su habitación. A medida que se vaya haciendo mayor, se le
deberÃa ir ampliando el grado de control que tiene sobre su vida,
pudiéndole permitir, por ejemplo, llegar más tarde de la hora
establecida de vez en cuando.
También es importante centrase en lo positivo. Por ejemplo,
retrase la hora para volver a casa por las noches cuando su hijo se
porte bien, en vez de adelantársela como castigo por un
comportamiento irresponsable.
Unas palabras sobre pegar a los niños
Quizás no exista ninguna forma de disciplina más polémica que
los castigos corporales y, en concreto, el hecho de pegar,
abofetear o dar cachetes a los niños. A continuación, reproducimos
algunas de las razones por las que la Academia Americana de
PediatrÃa recomienda a los padres que eviten pegar a sus hijos:
- Al pegar a un niño, se le está enseñando que está bien pegar
a alguien cuando uno está enfadado.
- Al pegar a un niño, aparte de hacerle daño, se le pueden
infligir lesiones corporales.
- Pegando a un hijo, en vez de enseñarle a modificar su
comportamiento, sólo se consigue que tenga miedo a sus padres, y
lo único que le enseña es a evitar que lo vuelvan a pillar
"in fraganti".
- En el caso de los niños que se portan mal para llamar la
atención, una bofetada o un cachete puede
"recompensarlos", aunque no sea eso lo que pretenden
sus padres, al brindarles cierto tipo de atención -una atención
negativa es mejor que ninguna atención en absoluto.
Actualizado y revisado por:
Jennifer Shroff Pendley, PhD
Fecha de la revisión: octubre de 2008
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