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Alergias alimentarias

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Ben acababa de empezar a almorzar cuando su madre lo vio intentando rascarse la boca porque le picaba mucho por dentro. Luego vomitó y empezó a tener resuello, de modo que su madre lo llevó al pediatra. A Ben le diagnosticaron una alergia alimentaria a los cacahuetes.

Junto con la leche, los huevos, la soja, el trigo, los frutos secos y el marisco, los cacahuetes forman parte del grupo de alimentos que provocan alergias alimentarias con más frecuencia.

Si usted aprende a reconocer las reacciones alérgicas, le resultará mucho más fácil obtener la atención médica necesaria en el caso de que su hijo presente una reacción de este tipo. Si a su hijo le han diagnosticado una alergia alimentaria, es importante que usted sepa:

  • organizar adecuadamente las necesidades alimentarias de su hijo
  • qué pasos debe seguir en caso de emergencia, es decir, si su hijo presenta una reacción alérgica grave

Sobre las alergias alimentarias

En una alergia alimentaria, el organismo reacciona como si determinado alimento fuera nocivo. Consecuentemente, el sistema inmunitario (que lucha contra las infecciones y las enfermedades) fabrica anticuerpos contra el alérgeno alimentario (la sustancia contenida en dicho alimento que desencadena la reacción alérgica).

La próxima vez que la persona se exponga a ese alimento, sea ingiriéndolo, tocándolo o inhalando sus partículas, su organismo liberará sustancias químicas, como las histamina, para "protegerse". Estas sustancias químicas son las que desencadenan los síntomas alérgicos, que pueden afectar al sistema respiratorio, el tubo digestivo, la piel y el sistema cardiovascular. Entre los síntomas de una reacción alérgica se incluyen los siguientes: moqueo nasal; erupción cutánea asociada a picor; hormigueo o cosquilleo en lengua, labios o garganta; inflamación; dolor abdominal; resuello o respiración sibilante ("pitos" al respirar).

La gente suele confundir las alergias alimentarias con la intolerancia alimentaria debido a que se asocian a síntomas similares. Los síntomas propios de una intolerancia alimentaria abarcan los eructos, la indigestión, la flatulencia, las heces blandas o sueltas, el dolor de cabeza, el nerviosismo y la sensación de "ruborización". Pero la intolerancia alimentaria:

  • no implica la participación del sistema inmunitario
  • puede estar provocada por la incapacidad de digerir determinadas sustancias, como la lactosa
  • puede ser desagradable, pero solo es peligrosa en casos excepcionales

Según la Administración de Alimentos y Fármacos de EE.UU. (F.D.A., por sus siglas en ingles), hasta el 6% de los norteamericanos menores de 3 años tienen alergias alimentarias. Son menos frecuentes en la población adulta pero, globalmente, las alergias alimentarias afectan a casi 11 millones de estadounidenses.

Alérgenos alimentarios más frecuentes

Un niño puede ser alérgico a cualquier alimento, pero los siguientes ocho alérgenos permiten explicar el 90% de todas las reacciones alérgicas en la población infantil:

  1. leche
  2. huevos
  3. cacahuetes
  4. soja
  5. trigo
  6. frutos secos (como las nueces y los anacardos)
  7. pescado
  8. marisco (como las gambas)

Por lo general, la mayoría de los niños con alergias alimentarias las acaban superando. De todos los niños alérgicos a la leche, en torno al 80% acaban superando la alergia cuando crecen. Aproximadamente dos tercios de los niños alérgicos al huevo y en torno al 80% de los niño alérgicos al trigo o la soja superan la alergia cuando tienen 5 años.

Hay otros tipos de alergias alimentarias que son más difíciles de superar con la edad. Solo aproximadamente el 20% de las personas alérgicas al cacahuete y en torno al 10% de las personas alérgicas a los frutos secos acaban superando sus alergias con el paso del tiempo. Las alergias al pescado y al marisco suelen aparecer más tarde en la vida de los afectados y son incluso más difíciles de superar con el paso del tiempo.

Reacciones propias de las alergias alimentarias

Las reacciones propias de las alergias alimentarias varían mucho en función de la persona afectada. Algunas de estas reacciones pueden ser muy leves y afectar solo a una parte o sistema del organismo, como la urticaria en la piel. Otras pueden ser más graves y afectar a más de una parte del organismo. Las reacciones pueden ocurrir durante los primeros minutos o tardar varias horas en aparecer tras la exposición al alérgeno alimentario.

Las reacciones alérgicas pueden afectar a cualquiera de las siguientes cuatro áreas del cuerpo:

  1. piel: granos o ronchas de color rojo asociados a picor (urticaria); eccema; enrojecimiento e inflamación de cara o extremidades; picor e inflamación de labios, lengua o boca (las reacciones cutáneas son el tipo más frecuente de reacción).
  2. tubo digestivo: dolor abdominal, náuseas, vómitos y/o diarrea.
  3. vías respiratorias: moqueo nasal o nariz tapada, estornudos, tos, resuello, respiración sibilante ("pitos" al respirar), sensación de ahogo.
  4. sistema cardiovascular: mareo o desmayo.

Las reacciones alérgicas graves, cuyos efectos están mucho más extendidos por el cuerpo, se denominan anafilaxia. Estas reacciones alérgicas, súbitas y de riego de vida, afectan a dos o más sistemas que acabamos de señalar. Además, puede haber inflamación de la vía respiratoria, dificultades severas para respirar, una caída de la tensión arterial, pérdida de conciencia y, en algunos casos, hasta la muerte.

Diagnóstico de las alergias alimentarias

Si sospecha que su hijo podría padecer una alergia alimentaria, póngase en contacto con su pediatra. Para diagnosticar una alergia, lo más probable es que el pediatra le pregunte sobre:

  • los síntomas de su hijo
  • con qué frecuencia ocurren sus reacciones
  • el tiempo que suele transcurrir entre la ingesta de determinado alimento y el inicio de los síntomas
  • si hay algún otro miembro de la familia que padece alergias o afecciones como eccema y asma

El pediatra considerará la posibilidad de que haya alguna otra afección que podría estar provocándole los síntomas. Por ejemplo, si su hijo parece tener diarrea después de beber leche, el pediatra analizará si la intolerancia a la lactosa podría ser la causa de sus síntomas en vez de una alergia alimentaria. La enfermedad celiaca, o intolerancia al gluten (una proteína que se encuentra en el trigo y otros cereales), también posee síntomas similares a los de las alergias alimentarias.

Si el pediatra sospecha una alergia alimentaria, lo más probable es que remita a su hijo a un alergólogo (especialista en alergias), quien les formulará más preguntas, hará una exploración física a su hijo y probablemente le practicará pruebas que le ayudarán a emitir un diagnóstico.

Es posible que una de esas pruebas sea una prueba cutánea. Esta prueba consiste en inocular extractos líquidos de alérgenos alimentarios sobre la piel del antebrazo o de la espalda del niño, pinchar superficialmente la piel de esas áreas y esperar para ver si se forman unos granitos rojizos que sobresalen sobre la superficie de la piel (denominados ronchas o habones) durante los 15 minutos inmediatamente posteriores. La obtención de un resultado positivo a determinado alimento en esta prueba solo indica que el niño podría ser alérgico a dicho alimento; para ratificarlo, es posible que el alergólogo le practique pruebas complementarias.

Es posible que el alergólogo también le practique un análisis de sangre a su hijo. Los alergólogos suelen practicar la prueba RAST (o prueba de radioalergoabsorbencia), que analiza la cantidad de anticuerpos IgE a determinados alimentos presentes en la sangre del niño. Para cada alimento, se establece un umbral a partir del cual existen altas probabilidades de que el paciente padezca alergia a ese alimento. Si una persona obtiene resultados positivos tanto en la prueba cutánea como en la prueba RAST, se le podrá diagnosticar una alergia y no será necesario practicarle pruebas adicionales.

Pero, si los resultados de las dos pruebas anteriores no son claros, es posible que el alergólogo crea conveniente practicar una prueba de provocación. (De todos modos, esta prueba se suele hacer para determinar si una persona ha dejado de ser alérgica a un alimento en concreto.) Durante esta prueba, a la persona se le administran cantidades cada vez mayores del supuesto alérgeno alimentario bajo la atenta supervisión de un médico. Esta prueba solo se debe realizar en la consulta del alergólogo o en un hospital que disponga de medicación y de servicio médico inmediato por si se produjera una reacción alérgica de riesgo de vida.

Tratamiento de las alergias alimentarias

Si el alergólogo diagnostica una alergia alimentaria a su hijo, les ayudará a elaborar un plan de tratamiento. No hay ningún medicamento que permita curar las alergias alimentarias, de modo que su tratamiento suele consistir en evitar el alérgeno y todos los alimentos que los contengan.

Deberá familiarizarse con el etiquetado de los productos alimenticios a fin de evitar el alérgeno. La normativa sobre el etiquetaje alimentario, que se aplica en EE.UU. desde el año 2006, ha facilitado bastante las cosas. Los fabricantes de productos envasados han de especificar con claridad, dentro del listado o bien junto al listado de ingredientes, si los productos alimenticios contienen leche, huevos, pescado, marisco, frutos secos, cacahuetes, trigo o soja.

A pesar de que las alergias alimentarias no se pueden curar, existen medicamentos para tratar tanto los síntomas leves de las reacciones alérgicas como los graves. Se pueden utilizar antihistamínicos para tratar síntomas aislados, como la urticaria, el moqueo nasal o el dolor abdominal asociado a una reacción alérgica.

Si su hijo tiene resuello, respiración sibilante ("pitos" al respirar) o crisis asmáticas (ataques de asma) debido a una alergia alimentaria, es posible que el alergólogo le recomiende utilizar un broncodilatador, como el albuterol (que se puede inhalar mediante un dispositivo de bombeo manual), que deberá utilizar de inmediato para reducir sus dificultades respiratorias.

Pero recuerde: si su hijo presenta un ataque asmático desencadenado por una alergia alimentaria, es importante que también considere la posibilidad de administrarle un inyectable de adrenalina (o epinefrina) y que busque inmediatamente tratamiento médico de urgencia en el caso de que los síntomas asmáticos sean parte de una reacción anafiláctica.

La adrenalina se suele utilizar para tratar las reacciones alérgicas graves (o anafilaxias). Si su hijo tiene una alergia alimentaria grave, el alergólogo les indicara que tengan siempre a mano un auto-inyectable de adrenalina (que en EE.UU. se conoce coloquialmente como "EpiPens") por si tuviera lugar una reacción de riesgo de vida. Esto significa tanto tener adrenalina en su casa, en los domicilios de los parientes que más frecuenta su hijo y en el centro de preescolar o de estudios de su hijo, como llevarla siempre en su bolso o cartera.

Entre los signos y síntomas de la anafilaxia que requieren el uso de adrenalina se incluyen los siguientes:

  • ronquera
  • sensación de opresión en la garganta
  • dificultades para respirar
  • cualquier síntoma que pertenezca a dos o más de los sistemas corporales antes señalados, como urticaria y dolor abdominal, o cualquier combinación de dos o más síntomas que afecten distintas partes del cuerpo

Después de que su hijo reciba la inyección de adrenalina, deberán dirigirse de inmediato a un servicio de urgencias para que puedan administrarle a su hijo tratamiento adicional en caso necesario. Asimismo, deberán tener a su hijo en observación durante un mínimo de cuatro horas para detectar posibles signos de una posible segunda ráfaga u oleada de síntomas (lo que se conoce como reacción bifásica), que ocurre en muchos casos.

Usted debe colaborar con el alergólogo de su hijo para elaborar conjuntamente un plan de acción contra la alergia alimentaria a utilizar en caso de emergencia, que debe entregar, por escrito, al centro de preescolar o de estudios del niño y a cualquier otra persona que cuide de él.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: enero de 2012

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