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Encefalitis

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(Encephalitis)

La encefalitis es una inflamación del cerebro. Suele estar provocada por un virus, aunque también pueden tener otras causas, como una infección bacteriana. Aunque su nombre impone bastante, la mayoría de los casos no son graves.

¿Qué es la encefalitis?

La encefalitis suele estar provocada por tres grupos diferentes de virus. Uno de ellos es el grupo de los virus del herpes, que incluye el virus de la varicela, el virus Epstein-Barr (que provoca la mononucleosis) y el virus del herpes simple (el virus que provoca las pupas labiales). El segundo grupo engloba virus y otros gérmenes transmitidos por insectos. El virus del Nilo Occidental, que se transmite a través de las picaduras de mosquito, y los gérmenes que provocan la enfermedad de Lyme y la fiebre maculosa de las Montañas Rocosas, que se transmiten a través de las picaduras de garrapata, también pueden provocar encefalitis. El tercer grupo engloba muchos virus que provocan las enfermedades que antes de la implantación de las campañas de vacunación sistemática eran típicamente propias de la infancia. Estas enfermedades incluyen el sarampión, las paperas y la rubéola. Puesto que en muchos países se vacuna a la población infantil contra estas enfermedades, hoy en día es bastante raro que una persona desarrolle encefalitis a raíz de una enfermedad como las paperas o el sarampión.

Algunos casos de encefalitis son leves y sus síntomas duran poco. No obstante, es posible desarrollar una encefalitis grave que hasta puede llegar a poner en peligro la vida del afectado. Cuando una persona tiene encefalitis, significa que tiene el cerebro inflamado e irritado.

¿Es contagiosa?

La encefalitis se puede desarrollar a raíz de la infección provocada por muchos tipos diferentes de virus. Por lo tanto, será más o menos contagiosa en función del virus que la haya provocado. Algunos virus, como el del Nilo Occidental, solamente se pueden transmitir a través de las picaduras de insectos infectados, de modo que no se puede contagiar de una persona a otra. Pero otros virus, como el de Epstein-Barr, se pueden contagiar entre personas.

De todos modos, el hecho de que una persona contraiga una infección vírica que puede desembocar en una encefalitis no significa que vaya a desarrollar automáticamente una encefalitis. De hecho, muy pocas personas que se infectan con alguno de los virus que puede provocar encefalitis acaban desarrollando esta afección.

¿Cuáles son los signos y síntomas?

La encefalitis puede cursar con fiebre, dolor de cabeza, falta de apetito, pérdida de energía o malestar general. En casos más graves pueden aparecer otros síntomas, como:

  • fiebre alta
  • fuerte dolor de cabeza
  • sensibilidad a la luz (denominada fotofobia, que significa que la luz hace daño a los ojos)
  • náuseas y vómitos
  • rigidez de cuello o nuca
  • confusión
  • modorra, dificultad para despertarse o pérdida de la conciencia
  • convulsiones

Cuando la encefalitis se desarrolla después de una enfermedad común, como la varicela, los signos y síntomas de la enfermedad común suelen preceder a los síntomas de la encefalitis. Pero la encefalitis también puede aparecer sin previo aviso. Si tienes síntomas de encefalitis, ponte en contacto con tu médico lo antes posible.

¿Cómo se diagnostica y se trata?

Para diagnosticar una encefalitis, los médicos pueden solicitar un análisis de sangre, así como una punción lumbar para analizar una muestra de líquido cefalorraquídeo, que es el fluido que rodea al cerebro y la medula espinal. La punción lumbar es un procedimiento consistente en introducir una aguja en la zona lumbar (la parte inferior de la espalda) muy fina para extraer una pequeña cantidad de líquido cefalorraquídeo. La sangre y el líquido cefalorraquídeo se envían a un laboratorio para detectar o descartar la presencia de virus o bacterias. También es posible que el médico solicite alguna prueba de diagnóstico por imagen, como una resonancia magnética (RM) y/o una tomografía computarizada (TC) a fin de identificar posibles indicios de inflamación cerebral. También puede solicitar un electroencefalograma (EEG), una prueba consistente en registrar las ondas cerebrales, a fin de detectar posibles anomalías consistentes con encefalitis.

El tratamiento de la encefalitis depende del virus u otro germen que lo haya provocado. Las personas con formas leves de encefalitis se pueden recuperar en casa siempre y cuando estén bajo la atenta supervisión de un padre u otro adulto. La mayoría de casos de encefalitis siguen su curso y se resuelven solos sin necesidad de tratamiento especial.

Algunos de los virus que provocan la encefalitis se pueden tratar con medicamentos. Por ejemplo, el fármaco antiviral acyclovir puede ayudar a tratar la encefalitis provocada por el virus del herpes simple. Asimismo, se pueden utilizar corticoesteroides (que no se deben confundir con los esteroides que utilizan algunos atletas para rendir más en el deporte y cuyo uso es peligroso) para reducir la inflamación cerebral. Puesto que los antibióticos no son eficaces contra los virus, no se utilizan para tratar la encefalitis vírica.

Los casos graves de encefalitis requieren el ingreso hospitalario para poder controlar atentamente la evolución del paciente y, en caso necesario, poder aplicarle rápidamente tratamientos que solamente se pueden administrar en un marco hospitalario. A aquellas personas que han padecido una encefalitis grave que les ha dejado secuelas en algunas funciones cerebrales, es posible que el médico les recomiende fisioterapia o logopedia como tratamiento de rehabilitación.

¿Cuánto dura?

Los peores síntomas de la encefalitis suelen durar un máximo de una semana, pero la total recuperación puede tardar varias semanas o más. Puesto que la encefalitis afecta al cerebro, en los casos más graves pueden quedar secuelas, como convulsiones, problemas de coordinación y dificultades de aprendizaje.

¿Se puede prevenir?

La mejor forma de prevenir la encefalitis es evitar infectarse en primer lugar por el virus o gérmenes que la pueden provocar. Lavarse las manos regularmente ayuda a limitar la propagación de algunos de esos gérmenes. Mantenerse lo más sano posible siguiendo una dieta equilibrada, (haciendo ejercicio regularmente) y descansando lo suficiente ayuda a mantener en forma el sistema inmunitario. Las vacunas también son una buena forma de protegerse contra enfermedades como la varicela y la rubéola.

En áreas donde los virus y otros germenes se pueden transmitir a través de picaduras de insectos, protégete llevando camisas y camisetas de manga larga y pantalones largos y utilizando repelente antiinsectos. Asimismo, intenta evitar las actividades al aire libre innecesarias al amanecer y al atardecer, que es cuando más pican los mosquitos.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de la revisión: octubre de 2010

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Note: All information is for educational purposes only. For specific medical advice, diagnoses and treatment, consult your doctor.

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